domingo, 8 de marzo de 2009

necesito Diazepam I

como siempre, llego los Domingos (infinitos Domingos) a mi casa, cansada hasta el carajo y mi jefa me pone algunos quehaceres pa' que no me conecte, actitud tonta porque lo que me pide lo hago rápido y mal para terminarlo e ir juto a mi ordenador, a "conectarme" y a abrir desesperadamente mi blog, el cual sólo logra llenarme de decepción al ver que sólo tuve una visita desde el viernes, y me avergüenzo de tener el mismo post del viernes, pucho el botón de nueva entrada y me encuentro con la idea que no tengo nada que escribir, me deprimo, me pongo a googlear cualquier chascarrillo interesante, hoy no, hoy SÍ tuve algo que escribir, porque...

La crisis del Teatro en México

Que dicen que el teatro está en crisis. Otra vez... Sin embargo, quien tal noticia me trae , se refiera más que nada a la escacez de público. Cosa curiosa, durante los últimos treinta años el interés de las nuevas generaciones por hacer teatro no ha menguado y , sin embargo, el público no ha crecido en la misma proporción. Seguramente una buena parte de la afición, me incluyo, ha decidido abrazar la profesión escénica. Cierto que muchos se desvían por la cinematografía, ahora que Diego, Gael & Co. parecen haber abierto una brecha en el muro hollywoodense, pero el interés de los actores y demás creadores teatrales por seguir adelante no mengua. Como prueba, no sólo hay que presenciar el apiñamiento de teatreros en la Unidad del Bosque, en el CUC, en el Centro Cultural Helénico, y el CNA, sino dar fe de las participaciones de espectáculos hechos en México, en festivales internacionales, de la rebatinga que se organiza en cada Muestra Internacional de Teatro, de la triplicación del presupuesto y la adquisición de una sede de la Compañía Nacional de Teatro, del éxito de ciertas producciones comerciales presuntamente serias, como Doce hombres en Pugna (já), de la culminación de un proyecto tan chingón como el teatro El Milagro, del surgimiento de foros capitaneados por las más recientes generaciones como El Quinto Piso, del hecho que se sontengan proyectos como el teatro La Capilla y el Foro Shakespeare, o de la renovación delos altos vuelos que llega a nosotros cuando los propios Diego y Gael no quitan el dedo del renglón e insisten en hacer teatro con recursos trayendo a John Malkovich aunque sea a dirigir (pendejos).

Con todo, es verdad, que el público escasea en la mayoría de las producciones. Personalmente sostengo que se debe en una buena medida a los precios de las entradas, porque en la UNAM, siempre hay público. Otro factor sin duda alguna es el publicitario.

En la difusión de la oferta comercial, el obvio decirlo, participan con entusiasmo las empresas con intereses poryanquis (ay que chaira me leí). Todo lo que tenga aroma a cultura de primer mundo será apoyado por los medios que les ha concesionado el Estado mexicano. La difusión de lo que no alcance tan exquisito nivel, estará condenado al Canal 11 y TV UNAM porque en el 22 tendrá que competir con lo que se anuncia por los canales de las empresas privadas. La oferta comercial, larga como la Cuaresma, deberá conformarse con un cuadrito en tiempo libre, prodigarse por la internet y acogerse al milagro de boca en boca. Ni qué tratar de convencer al Estado mexicano de la importancia de la cultura viva nacional. Para el Estado, cultura son los sitios arquelógicos (que dejan buen billete), los homenajes con caché y aún éstos, se atienden como a un mal necesario, nomás pa' que no anden diciendo por ahí que a las autoridades no les preocupa la cultura. Aunque no verdadera preocupación en éste rubro es que no hagan olas, especialmente los trabajadores sindicalizados que las traen todas consigo.

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